En el centro de Monterrey, un número creciente de vendedores ambulantes opera en la informalidad y rechaza tramitar permisos ante las autoridades municipales. La razón principal que esgrimen es la libertad de movimiento: desplazarse por distintas calles les permite evadir a los inspectores de Comercio y evitar el decomiso de su mercancía. La situación contrasta con lo que ocurre en la Macroplaza, donde otro grupo de vendedores lleva años trabajando sin conflictos con las autoridades, bajo una organización informal de espacios.
Los testimonios de quienes trabajan en ambas zonas revelan dos formas distintas de sobrevivir en la economía informal de la ciudad. Mientras en el centro la estrategia es el desplazamiento constante, en la Macroplaza prevalece la permanencia, la costumbre y una distribución de lugares no oficial pero respetada entre los propios vendedores.
Moverse para no ser decomisados: la lógica del centro
Para los comerciantes informales que recorren las calles del centro de Monterrey, la informalidad no es un problema sin solución, sino una decisión calculada. Tramitar un permiso implica restricciones de horario y lugar que, desde su perspectiva, reducen su capacidad de generar ingresos. Sin permiso, pueden elegir dónde instalarse y a qué hora, aunque asumen el riesgo permanente de perder su mercancía si los inspectores los alcanzan.
Socorro Villalpando, vendedora que ofrece productos en las calles del centro, resume así su postura:
Prefiero moverme porque así no me ven los inspectores y no me pueden quitar la mercancía que tengo, pues tengo que seguir trabajando.
La dinámica de desplazamiento constante se ha convertido en una rutina para varios de estos comerciantes, que adaptan sus recorridos según la presencia de los inspectores en distintos puntos de la zona.
El riesgo no solo afecta a quienes trabajan directamente en la calle. Alicia Villalpando, esposa de un vendedor que dejó de trabajar por los operativos, explicó la situación de su pareja:
Ahorita mi esposo no está trabajando porque, como le digo, él es diabético y está perdiendo poco a poco la vista. Él tiene miedo porque no alcanza a ver de aquí a cuando vengan los inspectores y dice que los voy a tener aquí frente a mí y me van a quitar la mercancía del triciclo.
El caso ilustra cómo los operativos generan un efecto disuasivo que va más allá de las multas o los decomisos, y que en algunos casos lleva a los vendedores a retirarse del todo del espacio público.
La Macroplaza: años de trabajo sin conflictos con las autoridades
A unos pasos del centro, la dinámica en la Macroplaza de Monterrey es distinta. Ahí, un grupo de vendedores ambulantes lleva años operando sin reportar problemas con las autoridades. La permanencia en el lugar y una organización informal entre compañeros han creado un esquema de convivencia que funciona, al menos desde la perspectiva de los propios comerciantes.
Bibi García, vendedora de recuerdos para turistas y originaria del estado de Guerrero, tiene 7 años trabajando en la Macroplaza. Sobre cómo funciona la distribución de espacios, señaló:
Nosotros ya tenemos aquí mucho tiempo trabajando, como 7 años, ya sabemos dónde vamos y los compañeros no nos quitan el lugar.
La misma vendedora describió el contexto de quienes trabajan en esa zona y las condiciones actuales de las ventas:
Yo tengo trabajando en esto aquí en Monterrey desde que llegué, pero soy de Guerrero y otros compañeros también son de fuera y pues trabajan de lo mismo, pero ahorita a pesar de los turistas las ventas no están tan altas como se pintaba.
Otro testimonio que refuerza la organización interna entre los vendedores de la Macroplaza corresponde a Geralda García, quien lleva más de tres décadas dedicada a la venta ambulante. Sobre los horarios y la convivencia en el lugar, explicó:
Nosotros ya sabemos aquí dónde va cada quien, llegamos a las 10 de la mañana y nos vamos como a las 8 de la noche y no tenemos problemas.
Los vendedores de la Macroplaza ofrecen productos como algodones de azúcar, manzanas cubiertas, botanas, juguetes y recuerdos para turistas. Varios de ellos provienen de otros estados del país y encontraron en esta zona un espacio donde la presencia de visitantes genera demanda constante, aunque en las condiciones actuales las ventas no alcanzan las expectativas que tenían.
Dos zonas, dos realidades dentro de la misma informalidad
El contraste entre el centro y la Macroplaza muestra que la venta ambulante informal en Monterrey no es un fenómeno uniforme. En el centro, la movilidad es la principal herramienta de supervivencia frente a los operativos. En la Macroplaza, la permanencia y los acuerdos no escritos entre vendedores permiten una operación más estable, aunque igualmente al margen de los permisos oficiales.
La problemática de la informalidad en el espacio público de Monterrey, Nuevo León, continúa creciendo, con un mayor número de personas que ofrecen mercancías en la vía pública sin autorización. Sin embargo, no se cuenta con una cifra exacta de cuántos vendedores operan sin permiso en el centro, ni con declaraciones de las autoridades municipales o de los inspectores de Comercio sobre los operativos, sus objetivos o los resultados de los decomisos realizados.
Lo que se sabe y lo que falta por confirmar
Los datos disponibles provienen exclusivamente de testimonios de los propios vendedores. Está confirmado que en el centro de Monterrey hay comerciantes informales que evitan tramitar permisos y se desplazan para eludir inspecciones, así como que en la Macroplaza existe un grupo organizado informalmente que lleva años trabajando en el mismo lugar. También está confirmado que varios de estos vendedores son originarios de otros estados, como Guerrero.
Lo que no se ha podido precisar incluye el número exacto de vendedores sin permiso en el centro, los montos de las multas o el costo de los permisos, las cifras de decomisos realizados por las autoridades y la posición oficial del municipio de Monterrey respecto a la regulación del comercio ambulante en estas zonas. Ninguna autoridad municipal ha emitido declaraciones sobre el tema dentro de la información disponible.
Preguntas frecuentes
¿Por qué los vendedores ambulantes del centro de Monterrey prefieren no tramitar permisos?
Porque la informalidad les da libertad para elegir sus horarios y puntos de venta. Al no estar fijos en un lugar, pueden desplazarse constantemente para evitar a los inspectores de Comercio y el riesgo de decomiso de su mercancía.
¿Cómo funciona la organización de vendedores ambulantes en la Macroplaza de Monterrey?
Existe una organización informal entre los propios vendedores que define quién ocupa cada espacio. Llegan a las 10:00 de la mañana y terminan su jornada alrededor de las 8:00 de la noche. No hay un esquema oficial, pero los acuerdos entre compañeros se respetan desde hace años.
¿Qué productos venden los ambulantes en la Macroplaza de Monterrey?
Ofrecen productos como algodones de azúcar, manzanas cubiertas, botanas, juguetes y recuerdos orientados principalmente a turistas que visitan la zona.
La situación de los vendedores ambulantes en el centro y la Macroplaza de Monterrey refleja las distintas formas en que la economía informal se adapta al entorno urbano y a la presencia o ausencia de controles institucionales, sin que hasta ahora las autoridades municipales hayan emitido una postura pública al respecto.

