Recorrer las calles a pie en Monterrey y su zona metropolitana implica sortear banquetas rotas, obstáculos en plena acera, cruces sin iluminación adecuada y vehículos que no respetan los semáforos. Las banquetas son el servicio público peor evaluado en las encuestas de Así Vamos, con una calificación promedio de 6.9, y 8 de cada 10 personas las consideran un servicio deficiente. El problema afecta de manera especial a personas adultas mayores, personas con discapacidad y cualquier peatón que depende de aceras transitables para desplazarse.
Un recorrido de documentación por distintas zonas de Monterrey, San Nicolás, Escobedo y Apodaca permitió registrar el estado real de la infraestructura peatonal: hundimientos, levantamientos provocados por raíces de árboles, aceras convertidas en rampas de acceso para casas y negocios, postes de energía eléctrica y cables de telefonía instalados en medio de las banquetas, y cruces críticos donde los automovilistas dan vuelta sin respetar la señal de alto para peatones.
Los cruces más peligrosos y las zonas con mayor deterioro
Entre los puntos identificados como críticos para la circulación peatonal destacan los cruces de avenida Chapultepec y Revolución, Platón Sánchez y Washington, Platón Sánchez e Isaac Garza, y Ruperto Martínez y Platón Sánchez. En estos lugares coinciden varios factores de riesgo: falta de iluminación mercurial, semáforos que no son respetados por los conductores y banquetas con alturas irregulares que obligan a los peatones a bajar a la calzada.
El Parque Lineal de la avenida Sendero también presenta condiciones de deterioro: el área ha sido invadida por escombros y maquinaria estacionada, lo que reduce el espacio disponible para quienes lo utilizan como corredor peatonal.
El deterioro no responde a un solo factor. Los árboles plantados en banquetas levantan el concreto con el paso de los años, generando desniveles abruptos. Los mismos vecinos y propietarios de negocios han modificado las aceras para crear accesos vehiculares, eliminando tramos completos de banqueta. A esto se suma la instalación de infraestructura de servicios, como postes y cajas de distribución de cable y telefonía, directamente sobre el paso peatonal.
Yo traigo mi andador y claro que es difícil caminar por las calles en este estado, además de que la gente tampoco respeta, uno se tiene que hacer a un lado y hasta bajarse de la banqueta. Además, hay algunas banquetas rotas, que lo hacen más difícil y te tienes que bajar a la calle.
Susana Gómez, mujer de tercera edad que utiliza andador para desplazarse, describe con precisión una situación que se repite a diario en distintos puntos de la ciudad. Para quienes dependen de dispositivos de apoyo para caminar, el estado actual de las aceras no es solo un inconveniente, sino una barrera que los empuja a circular por la calle junto a los vehículos.
Es muy inseguro caminar por aquí, porque, además, la señalización y los semáforos no ayudan en nada. Se supone que ahorita ya puedo cruzar porque está en rojo, pero, de todos modos, dan vuelta los carros, no respetan y por eso se generan muchos accidentes. Y no sólo es eso, aquí uno puede caminar porque la banqueta está bonita y plana, pero luego te topas con otras banquetas más altas, las cuales tienes que brincar y así no todos pueden caminar, imagínate, una persona en silla de ruedas que no puede hacer esas maniobras, se tiene que ir por la calle.
La peatona Leticia Guerra, quien transita regularmente por el centro de Monterrey, apunta también al problema de la accesibilidad universal. Las personas usuarias de silla de ruedas, señala, no tienen otra opción que circular por el carril vehicular cuando las banquetas presentan desniveles imposibles de sortear.
Es que los árboles como que levantan las banquetas y están horribles.
Marisela García, otra peatona del centro de la ciudad, resume en pocas palabras uno de los daños más comunes y más visibles en la infraestructura peatonal de la zona metropolitana.
El gasto en infraestructura peatonal, en cifras
El problema tiene una dimensión presupuestal que explica en parte su magnitud. De acuerdo con datos de la plataforma Alcalde Cómo Vamos, apenas el 6 por ciento del gasto total en movilidad se destina a infraestructura no motorizada, es decir, a banquetas, rampas, cruces seguros y espacios peatonales. El resto del presupuesto se concentra en infraestructura para vehículos.
La situación es aún más limitada si se mide en términos de cobertura: las actuales administraciones municipales tienen previsto atender apenas el 1 por ciento de la extensión total de calles pavimentadas. Con ese ritmo de intervención, el rezago acumulado en banquetas y cruces seguros no podrá resolverse en el corto plazo.
Las encuestas de Así Vamos registran que la calificación promedio de las banquetas es de 6.9, la más baja entre todos los servicios públicos evaluados. La proporción de personas insatisfechas es contundente: 8 de cada 10 encuestados las califican como un servicio deficiente. Ningún otro servicio público municipal concentra un nivel tan alto de desaprobación ciudadana.
Quiénes resultan más afectados
El deterioro de la infraestructura peatonal no impacta a todos por igual. Las personas adultas mayores, como Susana Gómez, enfrentan mayores riesgos de caída o de verse obligadas a transitar por el arroyo vehicular cuando las banquetas son intransitables. Las personas con discapacidad motriz, especialmente quienes usan silla de ruedas, encuentran barreras arquitectónicas que les impiden ejercer su derecho básico a la movilidad autónoma.
El problema tampoco se limita a las zonas más céntricas. El recorrido de documentación abarcó municipios de la zona metropolitana, incluyendo San Nicolás de los Garza, General Escobedo y Apodaca, donde se repiten condiciones similares: aceras deterioradas, cruces sin señalización adecuada y tramos donde simplemente no existe banqueta.
La combinación de banquetas en mal estado con cruces donde los vehículos no respetan los semáforos configura un entorno de riesgo constante para cualquier persona que se desplace a pie, independientemente de su condición física o edad.
Qué se sabe y qué falta por confirmar
Los hechos documentados en campo y los datos de las plataformas ciudadanas ofrecen un diagnóstico claro sobre el estado de la infraestructura peatonal en la zona metropolitana de Monterrey. Sin embargo, al momento de la publicación de este reportaje no se cuenta con respuestas oficiales de las administraciones municipales involucradas, ni con planes específicos de reparación, cronogramas de obras o estimaciones de costo para atender el rezago acumulado. Tampoco se dispone de cifras oficiales sobre accidentes vinculados directamente al mal estado de las banquetas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la calificación que reciben las banquetas en Monterrey según las encuestas ciudadanas?
Las banquetas tienen una calificación promedio de 6.9 en las encuestas de Así Vamos, lo que las convierte en el servicio público peor evaluado. Además, 8 de cada 10 personas las consideran un servicio deficiente.
¿Qué porcentaje del presupuesto de movilidad se destina a infraestructura peatonal?
Según la plataforma Alcalde Cómo Vamos, solo el 6 por ciento del gasto en movilidad se destina a infraestructura no motorizada, que incluye banquetas y cruces seguros.
¿Cuáles son los cruces más peligrosos identificados en Monterrey para los peatones?
Los cruces críticos documentados se ubican en avenida Chapultepec y Revolución, Platón Sánchez y Washington, Platón Sánchez e Isaac Garza, y Ruperto Martínez y Platón Sánchez. En todos ellos se registran problemas de iluminación, señalización y vueltas vehiculares que no respetan los semáforos.
¿Qué porcentaje de calles recibirán mantenimiento en sus banquetas por parte de los municipios?
Las actuales administraciones municipales tienen previsto atender únicamente el 1 por ciento de la extensión total de calles pavimentadas, de acuerdo con datos de la plataforma Alcalde Cómo Vamos.
El panorama que enfrentan los peatones en la zona metropolitana de Monterrey está documentado tanto en campo como en las métricas de evaluación ciudadana: banquetas rotas, cruces inseguros, presupuesto insuficiente y una cobertura de atención que apenas alcanza una fracción mínima de la red de calles existente.

