La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil representa un obstáculo para la estrategia del presidente estadounidense, Donald Trump, de ampliar su influencia en América Latina. El resultado mantiene a la mayor economía sudamericana bajo un gobierno que no comparte la agenda de Washington.
Lula obtuvo el 51.79% de los votos en la segunda vuelta del 25 de octubre, frente al 48.21% del senador Flávio Bolsonaro, aliado político de Trump. La victoria sorprendió después de que el candidato conservador quedara por delante en la primera ronda.
El resultado impide que Estados Unidos sume a Brasil a un bloque regional de gobiernos afines a la Casa Blanca. También refuerza el papel de Brasil y México, encabezado por Claudia Sheinbaum, como contrapesos políticos a la estrategia estadounidense.
La estrategia de Trump en América Latina
Durante su segundo mandato, Trump ha defendido una política de mayor influencia estadounidense en el continente, vinculada a una reinterpretación de la Doctrina Monroe.
Entre los gobiernos que han mantenido relaciones cercanas con Washington figuran los de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. La administración estadounidense también ha buscado ampliar la cooperación regional en seguridad mediante la iniciativa Escudo de las Américas.
Flávio Bolsonaro había expresado su disposición a incorporarse a esa alianza contra el narcotráfico. Su derrota deja fuera de ese proyecto a Brasil, cuya dimensión económica y diplomática resulta estratégica para cualquier iniciativa regional.
Sin embargo, los vínculos comerciales brasileños con China representan otro factor que limita un posible alineamiento automático con Washington. El mercado chino tiene un peso importante para el sector agroindustrial de Brasil, una actividad relevante para la economía del país.
Trump evitó respaldar abiertamente a Flávio Bolsonaro
A diferencia de otros procesos electorales latinoamericanos, Trump no expresó un respaldo público directo a Flávio Bolsonaro durante la campaña brasileña. Aun así, su gobierno mantuvo contactos con el senador y adoptó medidas que tensaron la relación con la administración de Lula.
El presidente brasileño denunció injerencias estadounidenses durante la campaña. Después de conocer los resultados, defendió la soberanía de su país y rechazó que Brasil fuera considerado subordinado a otra potencia.
Benjamin Gedan, director del Programa para Latinoamérica del centro de estudios Stimson, explicó que una victoria de Flávio habría favorecido un mayor alineamiento de Brasil con Trump en asuntos de seguridad y en las disputas culturales.
El experto también consideró que un respaldo explícito del presidente estadounidense podría haber perjudicado al candidato brasileño, debido al rechazo que podría generar una intervención externa en la contienda.
Aranceles y tensiones entre Washington y Brasil
La relación entre ambos gobiernos ya atravesaba dificultades antes de las elecciones. La administración Trump impuso aranceles a productos brasileños y abrió una investigación comercial por presuntas prácticas desleales.
Washington también adoptó medidas diplomáticas contra representantes brasileños, mientras que el gobierno de Lula expresó preocupación por las consecuencias de una mayor intervención estadounidense en asuntos de seguridad interna.
Otro punto de tensión surgió en torno al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho, dos organizaciones criminales brasileñas. Flávio Bolsonaro había solicitado que Estados Unidos las designara como grupos terroristas, una medida que generó preocupación en el gobierno brasileño por sus posibles implicaciones para la soberanía nacional.
Estos antecedentes muestran que las diferencias entre ambos países van más allá de la afinidad ideológica de sus dirigentes e involucran asuntos comerciales, diplomáticos y de seguridad.
Los expertos advierten sobre los límites de las alianzas ideológicas
La victoria de Lula también plantea dudas sobre la eficacia de una estrategia regional basada en la cercanía política entre gobiernos.
Oliver Stuenkel, investigador del centro Carnegie, advirtió que el intervencionismo ideológico puede resultar contraproducente y fortalecer a sectores contrarios a Estados Unidos a medio y largo plazo.
Su análisis apunta a una dificultad para Washington: las alianzas construidas alrededor de afinidades políticas pueden cambiar cuando los electores modifican el rumbo de sus países.
Con Brasil bajo un nuevo mandato de Lula, la Casa Blanca tendrá que negociar con un gobierno que mantiene diferencias en materia de política exterior, comercio y seguridad. El resultado electoral no determina por sí solo el futuro de la influencia estadounidense, pero sí establece un límite a sus posibilidades de ampliar el bloque de aliados en América Latina.

