El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió que los nuevos centros de datos de inteligencia artificial (IA) produzcan su propia electricidad y entreguen o vendan los excedentes a las comunidades o a la red eléctrica. La medida busca aliviar la presión sobre los precios de la energía y responder al creciente rechazo ciudadano a estas instalaciones.
Trump publicó la exigencia este miércoles 21 de octubre en su red social Truth Social. Según el mandatario, las grandes instalaciones deberán asumir el costo de su suministro eléctrico y contribuir al sistema energético local.
“Por orden mía, los nuevos centros de datos de gran tamaño, en algunos casos gigantescos, deben generar su propia electricidad y entregar o vender cualquier excedente a la comunidad local o a la red eléctrica”, escribió.
El presidente aseguró que esta política podría provocar una disminución considerable en los precios de la energía. También pidió a las empresas negociar beneficios económicos con las comunidades donde planean instalar sus proyectos.
El consumo energético de la IA genera preocupación
Los centros de datos son instalaciones que almacenan y procesan grandes cantidades de información. Su operación resulta esencial para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, pero requiere un suministro constante de electricidad y, en muchos casos, grandes volúmenes de agua para los sistemas de refrigeración.
La expansión de esta infraestructura ha generado inquietud entre los habitantes de distintas regiones de Estados Unidos. Las preocupaciones incluyen el posible aumento de las tarifas eléctricas, la presión sobre los recursos hídricos y los efectos de los nuevos complejos industriales en las comunidades.
Trump mantiene su respaldo al desarrollo de la inteligencia artificial, aunque el descontento local representa un desafío para los proyectos que impulsan las grandes empresas tecnológicas.
Encuestas reflejan rechazo a los centros de datos
El malestar ciudadano coincide con la proximidad de las elecciones legislativas de noviembre, en las que el Partido Republicano busca conservar el control de ambas cámaras del Congreso.
Según un sondeo de AP-NORC citado por EFE, cerca del 60 % de los estadounidenses apoya limitar la construcción de centros de datos. Además, una encuesta reciente de CBS News señala que el 52 % considera que los modelos de inteligencia artificial terminarán causando daños a las personas, mientras que el 68 % teme que actores hostiles utilicen esta tecnología.
Ante estas preocupaciones, distintas jurisdicciones han aprobado medidas para frenar o restringir el desarrollo de estas instalaciones. Entre los territorios mencionados se encuentran California, Texas y Virginia.
También el condado de Palm Beach, en Florida, donde reside Trump, aprobó una moratoria de emergencia de un año para detener la construcción de nuevos centros de datos.
Trump pide acuerdos económicos con las comunidades
El mandatario defendió que las empresas pueden reducir la oposición vecinal si ofrecen beneficios económicos a las localidades donde se establecen.
“Si las empresas quieren que sus centros de datos sean populares”, deben pagar un “dividendo” a las comunidades, sostuvo. También afirmó que algunas instalaciones inicialmente rechazadas ganaron apoyo después de alcanzar acuerdos económicos.
La postura contrasta con declaraciones anteriores del presidente. En agosto, Trump afirmó que las comunidades que no quisieran centros de datos corrían el riesgo de volverse “retrógradas y pobres”, y vinculó la oposición a estas infraestructuras con una ventaja para China en la competencia tecnológica.
¿Qué implica la exigencia de Trump?
La propuesta busca que las empresas tecnológicas asuman una mayor responsabilidad por la electricidad que consumen sus instalaciones. Si se traduce en medidas concretas, podría impulsar inversiones en generación propia y permitir que parte de la energía sobrante se incorpore a las redes locales.
Sin embargo, producir electricidad de forma independiente no garantiza por sí solo una reducción de las tarifas. El efecto dependerá de los costos de generación, la conexión con la red, la demanda regional y las condiciones de cada proyecto.
El anuncio también deja pendiente una cuestión clave: cómo se aplicará la exigencia, qué mecanismos garantizarán su cumplimiento y si habrá nuevas obligaciones federales para las empresas que construyan centros de datos.
Por ahora, Trump mantiene su apuesta por la expansión de la inteligencia artificial, mientras intenta responder a una preocupación que gana peso entre los votantes: quién debe pagar el costo energético de esta tecnología.

